Antropología de la Religión

Un beato en las empresas. Repercusiones en torno a la beatificación de Enrique Shaw

A partir de la reciente noticia de que el papa León XIV reconoció el milagro atribuido al empresario Enrique Shaw, Franco Olmos Rebellato reflexiona sobre las repercusiones de este hecho inédito y se pregunta si la figura de Shaw podría tener apropiaciones en otros sectores, por ejemplo, entre los trabajadores.


Por Franco Olmos Rebellato (IDACOR, CONICET).

El 18 de diciembre de 2025 se dio a conocer la noticia de que el papa León XIV reconocía el milagro atribuido al empresario Enrique Shaw, lo que lo convertirá próximamente en beato. Se trata de un hecho inédito que generó sorpresa en algunos sectores no tanto por tratarse de un laico, sino por su condición de empresario perteneciente a una familia de clase alta.

Lejos de los discursos críticos que ven a los empresarios como personas guiadas exclusivamente por el afán de lucro, Enrique Shaw representa un modo de moverse en el mundo empresarial en el que la fe y el servicio por el otro ocupan un lugar relevante. Al respecto, el papa Franscisco señaló que Shaw “era rico, pero era santo. O sea, una persona puede tener dinero. Dios se lo da para que lo administre bien. Y este hombre lo administraba bien. No con paternalismo, sino haciendo crecer a aquellos que necesitaban de su ayuda”. Para comprender mejor su relevancia, repasemos algunos aspectos de su vida y las repercusiones que hoy genera su legado.

Vida de fe y empresa

Enrique Shaw nació en tiempos de la posguerra de la Primera Guerra Mundial en el reconocido Hotel Ritz de París en el año 1921. En su juventud, ya en Buenos Aires, pasó primero por el Colegio La Salle y terminó su formación en la Escuela Naval Militar de la Armada Argentina. 

Allí entró en contacto con la doctrina social de la Iglesia y entendió que su vocación no se encontraba en la carrera militar, sino en las fábricas junto con los obreros. Ese era su deseo inicial. Pero el consejo de monseñor Reynold Hillenbrand de Chicago lo persuadió de que, para contribuir más eficazmente a la calidad de vida de estos sectores, lo mejor sería hacerlo como empresario dadas las conexiones que poseía en ese ámbito. Así, entró a trabajar en Cristalerías Rigolleau, empresa del sector vidriero vinculada a la familia de su esposa, Cecilia Bunge. 

Fue parte, junto con un grupo de empresarios de la Acción Católica, de la fundación de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) en 1952. Esta institución, de la cual fue su primer presidente, sintetiza sus inquietudes de fe. Se trata de una patronal que tiene presencia en diversas ciudades del país, entre las que se encuentra Córdoba, y busca aplicar los principios de la doctrina social de la Iglesia al ámbito de la gestión empresarial. 

Repercusiones. Enrique Shaw entre el empresariado católico

“El empresario ha de ser Cristo en la empresa”, esa frase la escuché por primera vez en un podcast de ACDE y resonó al inicio de mi investigación doctoral. Se trataba de una frase del empresario de Rigolleau que, por su simpleza y contundencia, sentí que condensaba la misión del grupo. Así que decidí preguntar a mis entrevistados por la opinión que tenían sobre ella. Esto me permitió utilizarla para explorar la recepción de Shaw y sus ideas entre las élites empresariales católicas de Córdoba. Al mismo tiempo era un momento para que se explayen sobre cómo integran la fe en sus empresas.

Las reacciones ante esta pregunta fueron diversas y la mayoría de las personas entrevistadas coinciden en ver a Shaw como una figura ejemplar. Para entenderlo mejor, revisemos algunas respuestas.

Un reconocido empresario desarrollista de la ciudad supo decirme que, aunque la frase le resultaba desafiante, no se trata de hacer “cosas extraordinarias”. Brindar una buena atención y servir a los demás es “ser Cristo en la empresa”. En ese sentido, Shaw “fue un ejemplar dirigente empresario”.

En ocasiones, también suelen observar que “ser Cristo” es algo “muy grande”. En su lugar suelen plantearlo como un horizonte y, como me señaló una autoridad de ACDE Córdoba, “el cristiano tiene que ser un Cristo en la sociedad”. Bajo esta mirada la fe no conoce de fronteras; no es posible dejarla de lado al momento de hacer negocios. 

Por fuera de estas apreciaciones, algo que llamó mi atención durante mi investigación fue que, aunque la figura de Shaw es prácticamente omnipresente en las actividades de ACDE, solo encontré a un empresario con la imagen del “santo” en su oficina. Si bien resulta difícil de predecir, es probable que, en un futuro, sobre todo a partir de la beatificación y dados los esfuerzos de ACDE y de la Iglesia, empiece a extenderse en estos ámbitos católicos esta práctica que solemos asociar a las devociones populares. 


Foto: La Nación

El legado de Enrique Shaw aparece en los fragmentos recuperados como fuente de inspiración y modelo a seguir. Recordemos que fue declarado venerable por el papa Francisco en 2021, lo que encaja en los esfuerzos que realizó para promover una economía más humana y justa. Shaw es, de alguna forma, una fuente de legitimación moral de “otra forma” de hacer negocios para estos empresarios.

A su vez, las palabras de los entrevistados ilustran la vigencia que tiene la religión en estos ámbitos en Argentina. Es evidente que, en este contexto, es imposible sostener la idea de que la fe queda recluida en el ámbito privado. En este caso, el catolicismo impregna los diferentes aspectos de la vida de las personas que colaboraron con el estudio.

Por último, quisiera plantear una serie de preguntas que se desprenden de este proceso de beatificación. ¿Será un beato cuya popularidad esté vinculada únicamente entre las élites empresariales católicas? ¿Puede llegar a tener alguna repercusión por fuera de estos sectores? Dada la preocupación que demostró Shaw por la vida de los trabajadores, ¿es posible algún tipo de reapropiación de su legado desde estos sectores? ¿A quién busca interpelar en particular la Iglesia católica con este acto de beatificación?

Foto: Franco Olmos Rebellato.