Trabajo de campo #15 | Ana Clarisa Agüero

Preguntas sobre las elites argentinas

En una nueva entrega de Trabajo de Campo, conversamos con Ana Clarisa Agüero sobre la investigación que realiza en el norte cordobés, un enclave de la historia nacional.  


Esculturas de Octavio Pinto, Rafael Alberti y Pablo Neruda. Museo Octavio Pinto, Villa del Totoral..

Ana Clarisa Agüero es investigadora de CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba, donde dirige el Programa de Historia y Antropología de la Cultura. 

En esta oportunidad, conocemos más sobre la investigación que desarrolla desde hace más de quince años en el norte cordobés, un espacio de sociabilidad de las elites argentinas entre los siglos XIX y XX que sigue abriendo preguntas sobre los conflictos y las identidades políticas del país. 

En Villa del Totoral, la historiadora encuentra un laboratorio excepcional para pensar la política argentina desde una perspectiva histórica. 

¿A dónde se sitúa tu trabajo de campo, en qué espacio y/o con qué comunidades?

Mi situación es algo especial porque soy historiadora. Formo parte del Programa de Historia y Antropología de la Cultura, que está cumpliendo veinte años y desde el comienzo se propuso hacer del diálogo entre disciplinas un modo de plantear y abordar problemas, sin que esto implicara necesariamente abordar comunidades contemporáneas o apelar a la etnografía.  Con esto digo que, en nuestro caso, el vínculo entre archivo y campo estuvo siempre abierto como una posibilidad, pero asumió modulaciones distintas según las indagaciones; y, también, que las miradas disciplinares se alimentaron de una biblioteca bastante abierta y permeable, en varias direcciones (al comienzo, por ejemplo, había en nuestro grupo gente que venía de ciencias políticas, antropología e historia, pero también de letras o artes; hoy somos, ante todo, antropólogos e historiadores).


¿Cuál es el tema de investigación o lo que te interesa abordar o preguntarte en o sobre este campo?, ¿por qué lo considerás relevante?

Me concentraré en una línea sostenida de trabajo, que lleva más de quince años, y conecta esa vocación y esas inquietudes. Tras concluir mi tesis doctoral, que puso en el centro un momento importante en la conformación de dos culturas urbanas, desplacé la mirada a la configuración del norte cordobés como región “interior” -jalonada por estancias, villas y parajes-, entre los siglos XIX y XX. En ese intento, que era el de hacer una historia cultural de ese espacio atenta al vínculo entre ámbitos y grupos urbanos y rurales, un fenómeno en especial fue atrayendo mi mirada, y terminó siendo el centro a partir del cual pensar ese norte y ese vínculo. Tras realizar varios cortes temporales sobre la vida de un pueblo en particular -hoy Villa del Totoral-, concluí que allí operaba un fenómeno particular, de larga duración, signado por el afincamiento estacional de un sector de las viejas elites criollas argentinas; así, desde poco después de la creación del pueblo, nacido entre 1859 y 1860 (en sí mismo un momento muy interesante también políticamente), era posible registrar el asentamiento de estos grupos merced a razones de salud, de recreo (incluidas largas vacaciones) y, finalmente, a la propia sociabilidad construida, con su correlato amical y matrimonial. 

El fenómeno -ciertamente con variaciones- se encontraba aún activo, en una suerte de duradera danza intergeneracional de familias y apellidos; y esto, hasta donde intuía y aún creo ver, reposaba en dispositivos concretos: el lugar de las ya famosas “casonas”, como pieza material del eslabonamiento intergeneracional; ciertas prácticas de grupo que se transmiten, de las que ahora destaco la caza mayor porque estoy cerrando un capítulo que asocia ambas cosas, la “casa” y la “caza” (dicho de otro modo, el vínculo con el adentro de un pueblo, el afincamiento, y el vínculo con un afuera, un espacio circundante dominado a partir de las picadas, que no ha dejado de transformarse –por comenzar, de desmontarse-). Y, como sonido de fondo de esa prolongada comunidad, una suerte de nostalgia estamental, relativa a los lugares que el propio grupo ocupó en otras eras y el que pudo ocupar en los sucesivos presentes cultivados en común en la villa. Porque, y no es un dato menor, se trataría ante todo de sectores secundarizados por el ascenso de la Argentina pampeano-exportadora, aunque relevantes en términos de elites dirigentes, e incluso intelectuales. Más aún: el “enclave” que postulo se inicia precisamente en el momento de depresión del noroeste provincial, algo muy bien registrado por el viraje entre los censos de 1869 y 1914, que muestran la inversión de la carga poblacional (del 70 al 30 %) pero también acusan el empobrecimiento norteño. En esa crisis regional, digamos, se produce esa reconcentración criolla, que apela a los apellidos, al linaje o a la historia en parte como mecanismo de compensación simbólica de una pérdida objetiva y mensurable.

Añadiría apenas un par de cosas: la singularidad de este pueblo y este enclave resultan bastante evidentes frente a otros circundantes, en parte porque su dinámica de afincados, semi-afincados y visitantes introduce un constante juego de elementos locales, regionales, nacionales e internacionales. En ese punto, tras ciertas vacilaciones, opté por explotar tanto como fuera posible su dimensión, si se quiere, monográfica. Pero, a la vez, la propia densidad de algunos de esos elementos lo convierte en un laboratorio excepcional para preguntas muy relevantes respecto de las elites argentinas –incluso latinoamericanas-, la desapacible genealogía hispano-criolla, el curso de la vida política e intelectual nacionales o de ciertos estilos, movimientos e identidades políticas internacionales. El intento queda definido, así, entre capítulos de una historia local/nacional y capítulos microhistóricos de fenómenos más vastos que me interesan mucho y también podrían considerarse en otras localizaciones. 


Hiciste referencia a la presencia de unas elites intelectuales, ¿podrías añadir algo sobre ellas y sobre su relación con otras elites?

En términos muy generales, podría decirse que el “enclave” que a mí me interesa surge del mencionado afincamiento estacional (largos veranos, idas y venidas en el año) de un sector de los viejos grupos dominantes, no sólo de Córdoba sino, también, de Tucumán o, en menor grado, Buenos Aires. Algo menguado en términos económicos, ese grupo sostiene, no obstante, un elevado protagonismo en la conformación de una dirigencia política nacional en la segunda mitad del siglo XIX y, en esa medida, se prolonga también en ciertas fracciones intelectuales, o más genéricamente culturales, que, siempre algo subordinadas, van diferenciándose en el giro de siglo. Ese proceso, que entre nosotros trabajó María Victoria López (integrante del Programa Historia y Antropología de la Cultura), tuvo su correlato en Totoral, ya bastante célebre en algunas de sus estaciones: el núcleo reformista en torno a la casa de los Roca (Deodoro y Héctor en especial), en el que otros veraneantes dicen también haber nacido a la política, como Rodolfo Aráoz Alfaro; el núcleo artístico, escriturario y cambiantemente reformista-socialista-comunista que éste reúne en su propia casa, apodada el “Kremlin” por los otros, ya desde los treinta y –con cambios de elenco- hasta los sesenta, al que se ligaron el exilio de Rafael Alberti, y una peculiar estadía de Neruda y que, sin duda, es el gran hito de internacionalización cultural y política. 

La casa de Aráoz Alfaro, apodada “El Kremlin”.

Se trata de ejemplos conocidos y en cierto modo ya integrados a la turistización del lugar, reactivada al calor del rescate del Camino Real y otros fenómenos conexos, pero no agotan los ejemplos. Hay otros modosos estancieros, periodistas y escritores, hubo historiadores, profesionales y políticos cultos y viajados que se declaraban de derecha… de hecho, es un gran laboratorio para pensar la política argentina, de la que congrega, como en sordina, el espectro completo desde el comienzo, mientras el mundo -sin embargo- se mueve

Una alta conflictividad latente, mayormente sumergida por la convivencia estacional, eventualmente crispada y reorganizada en ciertas coyunturas; se trate del pasado federal frente al presuroso pulso liberal en la década de 1860, de nacionalistas y comunistas en los cuarenta o de procesistas y guevaristas en los setenta. Los cuentos, las novelas o las memorias éditas, como las entrevistas, dan una pauta de esto; las designaciones de las calles, los héroes honrados o eludidos y el propio cementerio también. La tumba de Aráoz Alfaro -que transitaría del reformismo al comunismo, alcanzando un lugar partidario expectable- fue definida con sobriedad criolla por Felipe Crespo, miembro y disolutor del Partido Demócrata y luego fundador de la UCeDé; mucho más chico que aquél pero eventual compañero en sus excursiones de caza mayor. 


Una investigación de muchos años: ¿cómo llevaste a cabo este trabajo?

En primer término, es un trabajo que reposa en un archivo muy variado, en parte gracias a la sobrerrepresentación letrada que introducen los “veraneantes” (una voz nativa), lo que ofrece innumerables historias, memorias, cuentos, novelas relativos al pueblo y al propio grupo, así como una no despreciable correspondencia que, si es patrimonio de ingentes archivos familiares, también se proyecta en otros públicos. A eso se añaden otras series, censales, gráficas, fotográficas, etc.. Luego, una parte importante de la familiarización fue, ante todo, un prolongado trabajo de observación y registro, a través de estadías cortas pero múltiples: observación del pulso pueblerino, de las casonas y su disposición, del cementerio local (una estratigrafía desordenada pero reveladora). Finalmente, las entrevistas, varias, cuyo sentido cambió radicalmente desde que creí posible proponer que, en esa convivencia compleja entre locales y veraneantes, había un hecho estructural; lo cual, respecto de ciertas cuestiones, debía abrir a datos semejantes a los registrables por otros medios para, por caso, las décadas del veinte o el cincuenta. Un desplazamiento que corrió parejo a la definición de un arco temporal vasto, de más de un siglo y medio. 

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Conocé más publicaciones de la autora:

  • “La ‘década infame’ como esperanza. Acerca del antifascismo visto desde Totoral”, Anuario IEHS, Suplemento 2023 -Matrioskas irregulares. Historia transnacional del antifascismo iberoamericano (1920-1970), Ricardo Pasolini Comp.-, 2023. En: https://ojs2.fch.unicen.edu.ar/ojs-3.1.0/index.php/anuario-ies/
  • “Villa General Mitre. Una vista en escorzo del liberalismo argentino”, en E. Bohoslavsky, O. Echeverría y M. Vicente (coords.), Las derechas argentinas en el siglo XX. El retorno democrático y el largo plazo (Tomo II), UNICEN, Tandil, pp. 149-162, ISBN 978-987-4901-36-1, 2023.
  • “‘El Kremlin’ y ‘el Vaticano’. Una comedia ideológica de elite”, en dossier de las jornadas “Izquierdas y derechas en el siglo XX argentino”, Sección Colloques, Nuevo Mundo. Mundos Nuevos, ISSN 1626-0252, 2020.

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