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Antropología en los Andes del Sur
Matemáticas más-que-humanas en la fabricación de mundos: una etnografía con pastores de los Andes del Sur
¿Qué significa contar? Las formas de medir y ordenar lo que conocemos no son universales, dependen del contexto en el que tienen lugar. En los Andes del Sur, donde el antropólogo Francisco Pazzarelli realiza trabajo de campo, estas operaciones se vinculan con personas, animales, territorios y fuerzas no humanas.
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Por Francisco Pazzarelli
Una pastora de la Quebrada, en Jujuy, se niega a contar sus animales. No es que no sepa cuántos tiene. Tampoco desconfía del veterinario estatal que debe vacunarlos. Lo que le preocupa es otra cosa: fijar un número exacto podría afectar la fertilidad futura del rebaño. Para ella, contar no se trata solo de registrar una cantidad, es una acción capaz de intervenir sobre el mundo. Las matemáticas más-que-humanas constituyen un campo creativo donde el cálculo y la incertidumbre coexisten, y los sistemas locales de conocimiento interactúan con los regímenes modernos del número.
El encuentro con estas preguntas en mi trabajo etnográfico fue emergiendo a través de situaciones cotidianas, como la apuntada arriba, que, en apariencia, poco tenían que ver con las matemáticas. Algo similar sucedió en otra ocasión, cuando un pastor explicaba que la distancia entre dos lugares sólo podía medirse caminando el terreno y conversando con los seres que habitan el paisaje. O durante un censo, cuando varias familias debatían si los niños debían contarse junto a su madre o como una persona independiente, una cuestión que dependía, entre otras cosas, de su capacidad para relacionarse autónomamente con animales y con otros seres no humanos durante los rituales. O cuando conversábamos sobre algunos sentimientos, como el miedo, que yo asociaba a la soledad, al hecho de ser solo “uno”, y los pastores me enseñaban a verlo de otro modo: uno nunca está solo, nunca es uno, en todo caso, el miedo consiste en no saber quién está contigo, en no conocer ese número fantasma que te acompaña siempre.

Lo que estos episodios tenían en común era que todos cuestionaban algo que solemos dar por sentado: qué significa contar. Lejos de constituir simples excepciones, abrían interrogantes sobre las formas de cuantificación y medición que organizan nuestra propia vida social.
Las formas de contar y medir tienen una historia. Como demuestra una larga tradición antropológica, a lo largo de siglos la expansión colonial introdujo sistemas de cuantificación y clasificación que contribuyeron a modelar el mundo moderno. Los ejemplos están por todos lados. La idea de que cada persona equivale a un voto, por ejemplo, supone una forma matemática particular de concebir al individuo como una unidad autónoma y comparable a otras. Del mismo modo, ciertas tradiciones religiosas occidentales otorgan un lugar específico a las relaciones entre la unidad y la multiplicidad en la comprensión del universo (el misterio de la trinidad y unidad del cristianismo, por ejemplo). Estas formas hegemónicas de medir y ordenar el mundo han convivido, no siempre de manera pacífica, con otras maneras de contar y relacionarse con personas, animales, territorios y fuerzas no humanas.
¿Qué cuenta como una unidad? ¿Cuándo dos seres son uno y cuándo son dos? ¿Qué puede ser contado y qué consecuencias tiene hacerlo? Estas son algunas de las preguntas que abrieron la investigación sobre las matemáticas más-que-humanas en los Andes del Sur.
De las situaciones observadas en campo surgieron dos ideas que hoy orientan el trabajo. La primera es que el conteo y la medición no son operaciones completamente estables ni universales, sino que dependen de los contextos en los que se realizan, de las relaciones que ponen en juego y de las consecuencias que pueden tener sobre el presente y el futuro del mundo. Esto puede parecer obvio, pero no lo es. Nuestro sentido común suele imaginar las matemáticas como un lenguaje universal cuyas operaciones producen siempre los mismos resultados. La segunda es que los cálculos nunca involucran únicamente a humanos. Animales, montañas, deidades y otras fuerzas más-que-humanas participan activamente en estas operaciones, influyendo sobre aquello que puede contarse y medirse, y siendo influenciado por los resultados de estas “operaciones”.

Las familias de pastores no viven al margen de las matemáticas oficiales ni simplemente rechazan los sistemas modernos de numeración. Por el contrario, interactúan cotidianamente con censos, programas estatales, mercados, escuelas y emprendimientos económicos que exigen formas estandarizadas de cálculo y medición. También se involucran en reclamos y demandas territoriales que se fundamentan en modos matemáticos hegemónicos de considerar la política, el territorio, la economía. Sin embargo, nada de esto reemplaza otras maneras de cuantificar y pensar: las familias manejan los números oficiales, pero al mismo tiempo hacen emerger formas paralelas de conteo y medición que responden a otras relaciones y otros compromisos con el mundo. Esta convivencia matemática que emerge en los cerros, y que nunca está libre de fricciones, es generalmente subestimada por los (nuestros) puntos de vista sobre el mundo y, en el mejor de los casos, es considerada un exotismo. La búsqueda por "matemáticas indígenas" o "mestizas" han sido importantes para visibilizar la diversidad de formas de conocimiento, pero muchas veces conservan una jerarquía implícita, pues presuponen la existencia de una matemática universal y estable frente a la cual las demás aparecen como versiones locales e incompletas.
Estas ideas también tienen consecuencias sobre el modo en que imaginamos nuestro propio trabajo antropológico. Con frecuencia subrayamos la importancia del individuo en los procesos de representación política indígena o asumimos que ciertas transacciones económicas descansan sobre fundamentos exclusivamente humanos. Las fricciones se hacen especialmente evidentes cuando indagamos o llevamos adelante procedimientos de consentimiento libre, previo e informado, que muchas veces presuponen formas de enumeración y representación que no coinciden con los mundos que fabrican los números locales. ¿Hasta qué punto nuestras propias herramientas analíticas participan también en la fabricación de esos mundos y en la reproducción de sus desigualdades?

Esta investigación, entonces, nos invita a replantear la manera en que solemos formular el problema. Las "matemáticas" que recuperamos entre las familias de pastores de los Andes no constituyen simplemente un sistema alternativo de conocimiento. Son maneras de fabricar mundo y, en cierto sentido, de disputarlo. Si las formas de cuantificación participan en la manera en que las sociedades organizan la vida colectiva, imaginan la persona o conciben las relaciones entre unidad y multiplicidad, entonces estas prácticas andinas ponen en cuestión algunos de los supuestos más profundos de nuestra propia imaginación política, social, económica y religiosa. Si estas formas de cálculo nos sorprenden, es quizás porque seguimos imaginando que los números pertenecen exclusivamente a individuos humanos y que la medición constituye una operación separada del resto de las relaciones que componen el mundo. La pregunta ya no es por qué animales, montañas o deidades participan en ciertos cálculos, sino por qué nos parece evidente que no deberían hacerlo.

Proyecto financiado por la Fundación Wenner-Gren
El proyecto propone una comparación etnográfica entre comunidades de la Quebrada y la Puna de Jujuy, así como de algunos contextos del sur de Bolivia. La investigación combina trabajo de campo etnográfico, mapeos colaborativos, análisis de archivos y el seguimiento in situ de prácticas locales. A través de estas herramientas, busca explorar cómo la incertidumbre, la inestabilidad y las fricciones entre diferentes formas de conocimiento (registradas, por ejemplo, en proyectos de desarrollo, disputas territoriales, sistemas escolares y relaciones con emprendimientos comerciales) pueden convertirse en fuentes de creatividad social y cosmológica.
En un contexto de paralización y ausencia de financiamiento para la investigación científica a nivel nacional, el proyecto fue sometido a una convocatoria de la Fundación Wenner-Gren, donde fue seleccionado y financiado para su desarrollo durante el período 2026-2027.
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