Trabajo de campo #11

Hacer antropología en espacios de poder

En el Día de lxs Trabajadorxs Científicxs en Argentina, conversamos con Lourdes Luna Rodríguez sobre su trabajo de campo en el mundo empresarial minero, donde explora cómo se construyen la legitimidad, las relaciones y los acuerdos entre la empresa y las comunidades indígenas que habitan el territorio en la Puna de Jujuy.


Lourdes Luna Rodríguez es becaria doctoral del CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba. Su tema de investigación aborda las prácticas de articulación y legitimación que la actividad minera tiene en Rinconadas, Puna de Jujuy,  que incluye la vinculación con las comunidades indígenas del territorio.

Su trabajo desplaza un lugar común de la antropología como disciplina ligada al estudio de grupos subalternos y propone una aproximación centrada en los espacios de poder, como el mundo empresarial minero. 

Atender a la complejidad de estos mundos sociales, muchas veces vistos de forma homogénea o simplificada, puede aportar insumos para mejorar los procesos de diálogo, intervención o mediación desde las ciencias sociales, en particular desde la antropología.


¿A dónde se sitúa tu trabajo de campo, en qué espacio y/o con qué comunidades?

Para mi investigación doctoral desarrollé mi trabajo de campo en la jurisdicción de Rinconada, en plena Puna de la provincia de Jujuy. Allí me enfoqué en acompañar y observar las actividades de una empresa minera de capitales extranjeros dedicada a la extracción metalífera a cielo abierto, particularmente en su vínculo con las catorce comunidades indígenas que habitan este territorio.

Mi objetivo fue comprender cómo la empresa construye y sostiene sus relaciones con las comunidades para poder operar y permanecer en la región. Esto implicó seguir de cerca las dinámicas cotidianas de su área de Relaciones Comunitarias, participar en sus recorridos y en los distintos espacios donde se encontraban con referentes y comuneros.

El trabajo de campo no se limitó a un único lugar: acompañé actividades dentro de las propias comunidades, reuniones y gestiones que la empresa realizaba en su sede provincial en San Salvador de Jujuy, y también eventos empresariales y encuentros regionales en localidades cercanas, como Abra Pampa.

En algunos períodos, la investigación requirió que me insertara directamente en la vida interna de la empresa, lo que incluyó residir por temporadas en el campamento minero. Esa experiencia me permitió observar de primera mano las formas de organización, los desplazamientos territoriales y las estrategias que la compañía despliega para relacionarse con los distintos actores del territorio.

¿Cuál es el tema de investigación o lo que te interesa abordar o preguntarte en o sobre este campo?, ¿por qué lo considerás relevante?

Mi investigación doctoral se centró en comprender cómo una empresa minera logra establecerse y operar en un territorio habitado por catorce comunidades indígenas de la jurisdicción de Rinconada, en la puna jujeña. La pregunta que guió el trabajo fue cómo la compañía construye los acuerdos y la legitimidad social necesarios para permanecer en la región, y qué estrategias despliega para articular sus acciones con actores locales.

Esto implicó atender no solo a las interacciones cotidianas entre la empresa y las comunidades, sino también al papel que desempeña el Estado como mediador, regulador o, en ciertos momentos, como un actor ausente. Desde allí pude explorar cómo se negocian y sostienen las relaciones que permiten —o condicionan— el avance de un proyecto extractivo de capitales extranjeros.

Considero relevante este objeto de estudio porque gran parte de las investigaciones sobre minería en Argentina se ha enfocado en los casos de oposición y conflicto comunitario. Sin embargo, existen situaciones en las que, en lugar de una confrontación abierta, prevalecen vínculos de negociación y convivencia entre empresas y comunidades. Etnografiar estos escenarios permite comprender la complejidad del extractivismo y, al mismo tiempo, incorporar al análisis a un actor poco explorado en la antropología: la empresa como institución social.

¿Por qué creés que se estudia menos a los grupos poderosos o de elite desde las ciencias sociales, o específicamente desde la antropología? 

Creo que hay dos razones centrales por las cuales la antropología, y las ciencias sociales en general, han estudiado menos a los grupos poderosos o de élite. Por un lado, existe la idea extendida de que estos espacios son difíciles o inaccesibles para los investigadores, que requieren permisos especiales, contactos previos o un capital social particular para poder ingresar. Esto genera una cierta autocensura disciplinar: se asume que es más sencillo trabajar con grupos populares o subalternos, cuando en realidad cualquier campo implica construir un vínculo, aprender códigos y negociar los modos de acceso.

Por otro lado, opera un prejuicio más profundo vinculado al sentido político y ético de la disciplina. Muchas veces se asume que los grupos poderosos -como pueden ser las empresas o las élites estatales- no encarnan las preocupaciones históricas de la antropología por la justicia social, la marginalidad o la desigualdad. Esto lleva a pensarlos casi como “antagonistas”, y por lo tanto como objetos menos legítimos o menos valiosos de investigar.

Sin embargo, justamente por su capacidad de decisión e influencia, comprender etnográficamente a estos actores es fundamental para analizar cómo se producen, sostienen y transforman las relaciones sociales en contextos contemporáneos.

¿Considerás que este tipo de acercamiento o perspectiva puede aportar de algún modo a otros escenarios donde el conflicto -a diferencia de tu experiencia de campo- sí es lo preponderante en la relación entre empresas mineras y comunidades?

Sí, considero que una aproximación antropológica centrada en los espacios de poder -como el mundo empresarial minero- puede aportar elementos muy valiosos para comprender escenarios donde el conflicto es más marcado. Etnografiar “la otra cara de la moneda” permite observar cómo se toman decisiones dentro de estos ámbitos, cómo se diseñan y ejecutan las planificaciones y qué criterios orientan las acciones de actores que no solo operan considerando cuestiones locales, sino que se ven atravesados por lógicas empresariales globales.

Conocer desde adentro estos procesos ayuda a entender cómo se construyen las posturas empresariales en situaciones de tensión, qué margen de maniobra tienen, cómo interpretan las demandas comunitarias y de qué manera responden -o no- a los conflictos que enfrentan.

El principal aporte, creo, radica en que la antropología permite reponer la complejidad de estos mundos sociales, muchas veces vistos de forma homogénea o simplificada. Ese conocimiento puede resultar fundamental para interpretar mejor los conflictos, anticipar movimientos, comprender las lógicas que guían a cada actor y, en algunos casos, incluso aportar insumos para mejorar los procesos de diálogo, intervención o mediación.

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Por: Belén Nocioni - Área de Comunicación IDACOR (CONICET- UNC).