¿A dónde se sitúa tu trabajo de campo, en qué espacio y/o con qué comunidades?
Mis preguntas de investigación se sitúan en el valle de Ambato, Catamarca, particularmente con comunidades que vivieron allí hace 1500 años y que la arqueología las conoce como Cultura Aguada. Formo parte del Proyecto Arqueológico Ambato, equipo que tiene ya más de 50 años de trabajo en el campo. Por ese motivo hay muchos objetos provenientes de diferentes sitios arqueológicos excavados a lo largo de la historia del proyecto. Con esos materiales trabajo en el marco de mi tesis doctoral. En este momento me centro específicamente en el estudio de los restos óseos humanos encontrados allí y en las imágenes de humanos que se encuentran en la cerámica aguada.
¿Cuál es el tema de investigación o lo que te interesa abordar o preguntarte en o sobre este campo?, ¿por qué lo considerás relevante?
Entendiendo que la forma en la que vivimos, habitamos y comprendemos el mundo en la actualidad no fue ni es la única forma existente, me pregunto por la idea de cuerpo y persona que los habitantes de Ambato tuvieron en el pasado, analizando las diferentes relaciones que existieron entre personas y cosas en esos tiempos y espacios. Esta pregunta surge luego de haberme preguntado por el rol de los animales en estas sociedades, cómo se relacionaron con estas personas más allá de las relaciones económicas y productivas. Lo que derivó en nuevas preguntas, entre ellas, si es posible que ciertos animales fueran considerados más que animales, es decir, que pudieran ser considerados como personas, lo que en antropología le llamamos “tener subjetividad”. Y, si eran como personas ¿pensaban lo que era ser persona de la misma forma que lo hacemos nosotros? ¿o había otra idea de lo que podía ser una persona, un ser humano? Estas y varias más me llevaron a hoy intentar responder estas preguntas a partir del estudio de los cuerpos en el pasado del valle de Ambato.
Considero relevante este tipo de estudios, porque más allá de permitirnos entender al pasado en sus propios términos, nos lleva a analizarnos y entendernos a nosotros mismos, nuestras propias categorías, nuestras formas de componer y organizar nuestro mundo y poder discutir luego qué hacemos con eso y a dónde nos llevan estas configuraciones.
¿Podrías contarnos más sobre las preguntas que aparecen? ¿A qué te referís con la subjetividad animal o con el movimiento de la categoría persona a lo largo del tiempo?
Vivimos en un mundo en donde la división entre aquello que es “natural” y aquello que es “cultural” es muy rígida, cada cosa tiene su lugar y su clasificación dentro de él. Damos por sentado que la idea de “humano” es universal, así como la idea de que los “animales” o las “plantas” son simplemente recursos a explotar, por ejemplo.
Cuando uno se encuentra con estos objetos arqueológicos, cuando se sienta a analizarlos y hacerles preguntas, las cosas nos cuentan otra cosa, nos hacen ver que estas fronteras son difusas, que no se limitan a ser algo en particular, sino que pueden ser relacionales, es decir, que de las relaciones entre las cosas pueden surgir otras nuevas y distintas a lo que pensamos. Entonces, plantearse la posibilidad, o preguntarse si los animales en el pasado de Ambato podrían haber tenido algún tipo de subjetividad, implica pensarlos como seres sociales, con los cuales se establecían vínculos, alianzas o tensiones. Implica pensarlos con un rol dentro de la sociedad, pero sin proyectarles nuestra idea moderna de “mascota” o “sujeto de derecho”, por ejemplo. De esta misma forma sucede con la categoría de persona, ¿Solo es atribuible a los humanos? ¿Es posible que se extienda a objetos como las vasijas? ¿A los animales? ¿Existe tal límite?
Problematizar esto desde la arqueología nos invita a desarmar la idea de que la forma en la que clasificamos y recortamos el mundo es la única posible. Estas preguntas, más allá de buscar entender al pasado en sus propios términos, en el fondo nos llevan a interrogar los límites de nuestro propio pensamiento.

Trabajo en el laboratorio: Modelado de sapo con figuraciones antropomorfas en su cuerpo / Vaso globular con motivos antropo-felínicos. Cultura Aguada-Ambato.
¿Qué observás en los objetos y/o restos arqueológicos que permite indagar sobre esas categorías o límites?
Siguiendo a una autora que me gusta mucho, Eva Mol, ella propone que hay que tener una mirada lenta sobre los objetos, que hay que intentar “escuchar con los ojos”. Por lo que mi trabajo en el laboratorio consiste en eso, en observar muy de cerca cada detalle de las cosas, las marcas, los trazos, las formas, las diferencias entre sí, las similitudes. Prestar atención en qué está presente y qué está ausente. Intento dejar que haya un diálogo entre el objeto y yo, y a la vez intentar seguir el camino que el objeto quiera que siga, ver hasta donde me lleva. Esto no quiere decir que no siga un protocolo o una lógica, tengo mi excel y mis herramientas para medirlo, pesarlo, cuantificarlo y clasificarlo. Además de eso me propongo prestarle mucha atención y estar el tiempo que sea necesario con cada uno de los objetos con los que trabajo y revisarlo y volverlo a analizar las veces que sea necesario e incluso llevándome a lugares que no pensé que iba a terminar analizando porque mi pregunta principal, a priori, parecía no tenía nada que ver.
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