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Trabajo de campo #13 / Mariano Bussi
La religión es lo que la religión hace
En una nueva entrega de Trabajo de campo, conversamos con Mariano Bussi acerca de la etnografía que realiza junto a comunidades campesino- indígenas del extremo noroeste de Argentina, quienes se organizan alrededor de la vida católica de su propio pueblo.
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Desde allí, estudia la relación entre ambiente y religión: cómo se pone en práctica la religión en un contexto ambiental determinado y qué hace en la vida cotidiana de las personas.
Su investigación nos devuelve la pregunta acerca de qué es lo dado y qué es lo construido. En esa clave, la antropología permite poner en relieve la forma en que categorías como naturaleza o cultura adquieren sentido en estrecha relación con los elementos, fenómenos y entidades con los que las personas se vinculan cotidianamente.
¿A dónde se sitúa tu trabajo de campo, en qué espacio y/o con qué comunidades?
Hago trabajo de campo con comunidades rurales del extremo noroeste de Argentina, en las tierras altas del norte de Salta y Jujuy. Es la zona de frontera con Bolivia. El límite de estas dos provincias se apoya en la Sierra de Santa Victoria que también marca grandes cambios ecológicos: de la puna jujeña pasamos hacia el este por la alta montaña hacia los valles salteños que llevan a las yungas. Mi trabajo de campo etnográfico consiste en participar de segmentos de la vida social de comunidades campesino-indígenas en estos distintos medios ecológicos. Durante mi doctorado me concentré en una localidad rural de la puna jujeña, y en mi beca posdoctoral abordo pequeños pueblos de la sierra y los valles salteños.
Particularmente trabajo con aquellas personas que se organizan alrededor de la vida católica de su propio pueblo. Mantienen las capillas, se vinculan con los sacerdotes y la institución eclesiástica, planifican y llevan adelante las fiestas patronales y otras celebraciones religiosas, organizan y promueven procesiones y peregrinaciones, etc. Los acompaño en sus tareas cotidianas respecto a la Iglesia pero también en sus otras actividades, como el trabajo con animales y sembradíos, los viajes a localidades cercanas, festejos, reuniones familiares, asambleas comunitarias y más. Gran parte de estas personas se dedica a la ganadería a pequeña escala y al trabajo ocasional e informal, en algunos poblados también hacen uso de la minería artesanal y la agricultura familiar.

¿Cuál es el tema de investigación o lo que te interesa abordar o preguntarte en o sobre este campo?, ¿por qué lo considerás relevante?
Mi interés está puesto en la relación entre ambiente y religión, en cómo ambas categorías pueden pensarse y en cómo pueden vincularse entre sí a partir de la perspectiva de estas personas. En antropología nos dedicamos a describir y comprender la diversidad humana, y el método etnográfico funciona para entender las prácticas y sentidos que los grupos sociales construyen mientras llevan adelante su vida social. Parto de la premisa de que existe una amplia diversidad al interior del catolicismo y que cada comunidad de fieles desarrolla una manera específica de darle sentido a su fe en su propio contexto, manera que la etnografía puede describir y captar.
¿Qué tienen en común los catolicismos de estas distintas comunidades y en qué se diferencian? ¿Cómo se pone en práctica la religión en un contexto ambiental determinado? Hacernos estas preguntas también nos permite cuestionar algunos supuestos que damos como evidentes: por ejemplo, nos es más sencillo aceptar que podemos “construir socialmente” la religión, pero no podemos hacer lo mismo con el ambiente que habitamos. El estudio etnográfico muestra que, según la perspectiva de estas comunidades, esto no es siempre así. Las peticiones, celebraciones y ofrendas suelen buscar la transformación de las condiciones ambientales para sostener el modo de vida (regular las lluvias, reverdecer los pastos o guarecer a los animales). Esto nos devuelve la pregunta sobre qué es lo dado y qué lo construido, qué es lo natural y qué lo social.

¿Qué ideas, creencias o prácticas se ponen en juego en la posibilidad de transformar las condiciones ambientales desde lo religioso?
El ambiente que habitamos no es ajeno a las relaciones, prácticas y sentidos que tejemos los grupos humanos. Son escasos los científicos y sectores políticos que nieguen esto, como se observa respecto al factor humano en el cambio climático global. El consenso es mayoritario: agentes de diversas partes del planeta han llegado a la conclusión que nuestro modo de vida afecta el medio de forma contundente. Sin desoír esto, gracias a la etnografía podemos abrirnos a que existan maneras distintas de abordar los problemas que nos aquejan: otro modo de definir el cambio, el clima y la escala. ¿Qué relación hay entre nuestra manera de vivir y el ambiente que habitamos? La pregunta es más o menos constante, pero las respuestas son muchísimas.
Buscando acercarnos al punto de vista local, a partir del trabajo de campo podemos observar que las condiciones ambientales son entendidas como resultado de las relaciones sociales que trazan los humanos entre sí, pero también las que se entablan entre humanos y otras entidades (los muertos, la tierra, los santos católicos, etc.). La locación, intensidad, duración y distribución de la lluvia y el viento -por ejemplo- darían cuenta del estado de estas relaciones sociales. Estas variaciones son parte de la historia social del lugar. Los grupos eclesiásticos suelen lidiar frecuentemente con estos asuntos al tiempo que detentan cierta responsabilidad frente a sus poblados: solo hay un grupo por parroquia, y si hay discordia al interior del mismo, las condiciones ambientales pueden resultar contrarias al crecimiento de los animales y pastizales que aprovechan todos sus vecinos.
Vale aclarar que no todas las personas piensan lo mismo, ni tampoco lo expresan en estas palabras, pero parte de nuestro trabajo es entender qué sentidos atraviesan estos modos de vida.

¿Por qué entendemos percibimos lo social y lo natural como cuestiones separadas? ¿En qué medida esa creencia se vincula a los paisajes que habitamos?
Antropólogos han demostrado que la noción de “naturaleza” que sostenemos en nuestro sentido común no es universal. Un ámbito del mundo regulado por leyes sin autor, límite ni posibilidad de cambio, ajeno a los humanos y a su historia, que sólo es posible conocer a través del método científico. No todos los grupos humanos entienden así su relación con los fenómenos, elementos y entidades con los que se vinculan cotidianamente. Antes de dar por hecho la ignorancia o el error ajeno, en etnografía nos esforzamos por comprender cómo estos grupos humanos componen su mundo de manera particular.
Tomando ese camino, también debemos poner en duda la idea de que las prácticas y sentidos que se alejen de esa definición de naturaleza que resumimos arriba sean creencias. Es como el mundo les demuestra día a día que funciona. El asunto aquí es que el ambiente también requiere del esfuerzo sostenido y colectivo de los grupos humanos para que se comporte de manera tal que la vida social sea posible: que tengamos animales que pastorear, sembradíos que cosechar, niños que criar, familias que hacer crecer, etcétera. Son prácticas concretas, no elucubraciones mentales. Como decía Evans-Pritchard, un viejo antropólogo inglés: “la religión es lo que la religión hace”.

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Mariano Bussi es Doctor en Ciencias Antropológicas (Facultad de Filosofía y Humanidades UNC). Becario posdoctoral del CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba. Su tema de investigación es: Cambios climáticos y hospitalidad. Estudio etnográfico y comparativo de la renovación del ciclo agro-festivo anual en la Puna de Jujuy, Argentina.