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Trabajo de campo #12 / Florencia Arias
Paisajes sociales, paisajes animales: un habitar conjunto a lo largo del tiempo
En una nueva entrega de Trabajo de campo conversamos con la arqueóloga Florencia Arias, quien nos invita a comprender cómo el ambiente se construye y modifica en el vínculo constante entre especies a lo largo del tiempo.
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Florencia Arias es becaria doctoral de CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba, donde forma parte del Laboratorio de Zooarqueología y Tafonomía de Zonas Áridas (LaZTA).
A través de la investigación que desarrolla en el valle de El Bolsón (Catamarca), la arqueóloga indaga en el rol de la fauna en la vida de las sociedades de los últimos 1200 años. Su estudio nos invita a comprender cómo el ambiente no es un escenario estático, sino un espacio que se construye y modifica en el vínculo constante entre especies. Una historia de larga duración que nos ayuda a entender la biodiversidad en el presente.
¿A dónde se sitúa tu trabajo de campo, en qué espacio y/o con qué comunidades?
Actualmente estoy realizando mi tesis doctoral en el valle de El Bolsón, en Catamarca, donde trabajo como parte del Colectivo Intercultural e Interdisciplinario de los Valles Altos de Catamarca (CIIVAC) y del Laboratorio de Zooarqueología y Tafonomía de Zonas Áridas (LaZTA). Allí, tuve dos tipos de experiencias de trabajo de campo, en líneas generales. Por un lado, me centré en la excavación del sitio arqueológico Los Viscos, ubicado en las cercanías de la localidad de Barranca Larga. Elegimos este sitio principalmente porque es un alero que, al estar protegido de los elementos, tiene una excelente preservación. Por lo tanto, cuenta con el registro animal y vegetal más amplio y diverso de El Bolsón, lo que nos permite estudiar detalladamente las formas de vida humanas y los ambientes del pasado desde múltiples escalas y materiales.
Por otro lado, participé en las instancias de trabajo de campo de otras personas, principalmente de mis compañeras del LaZTA. Esto me llevó a transitar distintos paisajes de El Bolsón, establecer nuevos vínculos con sus habitantes y enriquecer mi comprensión de la región. Del mismo modo, compañerxs del CIIVAC formaron parte de las excavaciones de Los Viscos. El trabajo de campo arqueológico es, en mi experiencia, necesariamente un trabajo en equipo.

¿Cuál es el tema de investigación o lo que te interesa abordar o preguntarte en o sobre este campo?, ¿por qué lo considerás relevante?
Investigo el lugar de los animales en la vida de las poblaciones pasadas de El Bolsón desde una perspectiva de largo plazo. Mi trabajo abarca los últimos 1200 años de ocupación humana en este valle, desde las primeras poblaciones agricultoras que lo habitaron hasta aquellas que convivieron con las primeras poblaciones españolas que llegaron allí. Los animales formaban parte de múltiples prácticas humanas: eran parte de la dieta, materia prima para la elaboración de artefactos, aparecían representados en el arte rupestre y en objetos de uso cotidiano y, en algunos casos, compartían espacios con las personas. En estas interacciones, las poblaciones humanas han impactado fuertemente la biodiversidad animal. Estos impactos no son estáticos: junto con las prácticas humanas, han cambiado a lo largo del tiempo. Creo que es importante considerar estos fenómenos desde una perspectiva histórica para entender los paisajes sociales actuales.

Cuando hablás de entender los paisajes sociales actuales, ¿de qué manera el registro arqueológico nos ayuda a comprender los desafíos ambientales de hoy? ¿Hasta qué punto la acción humana ha sido el motor principal de esos cambios en la biodiversidad de la región?
La intervención humana en el ambiente no es nueva en la región. El Bolsón tiene evidencias arqueológicas de ocupación desde hace unos diez mil años. Desde entonces, las poblaciones humanas han articulado diferentes estrategias para sostener sus modos de vida, que afectaron el ambiente en distintas maneras. Sin embargo, los impactos de estas prácticas no han sido siempre iguales.
Desde el punto de vista de la biodiversidad animal, un gran cambio se dió en las comunidades de grandes herbívoros que habitaban la región. Estos eran una especie doméstica (la llama), y tres silvestres (la vicuña, el guanaco y la taruca). El registro arqueológico de Los Viscos nos permite ver que durante el período temprano de contacto Hispano-Indígena y parte del Colonial, aún se sostenía la presencia de algunas de estas especies nativas en la región. Sin embargo, en el presente sólo se encuentran en las zonas de mayor altura, como la Puna. Esto parece relacionarse tanto con enfermedades causadas por parásitos traídos por el ganado europeo, como con la retracción de algunos de sus hábitats, producto en parte del pastoreo más intensivo de este, en el contexto de una profunda reorganización económica de las poblaciones locales hacia finales del periodo colonial.
¿Podrías compartirnos algún aspecto más sobre en el proceso de investigar las interacciones humano-animal en El Bolsón?
Un aspecto interesante que pude conocer en el proceso de investigar de estas interacciones, tiene que ver con la persistencia de prácticas prehispánicas de consumo de fauna nativa, incluso cuando las poblaciones europeas (humanas y animales) ya se encontraban instaladas en la región. Los animales alóctonos, incluído el ganado europeo, no habrían sido explotados sistemáticamente por las comunidades que habitaron Los Viscos. Por el contrario, la dieta se centraba en los camélidos autóctonos (llamas, vicuñas y guanacos), con incorporaciones ocasionales de algunos animales pequeños también nativos. Evidencias de este fenómeno se encuentran frecuentemente en otros sitios arqueológicos de diferentes partes del Noroeste Argentino. Esto nos invita a pensar en la importancia de los animales en la subsistencia cotidiana de las poblaciones locales, así como sobre su lugar en las estrategias de resistencia y autonomía indígena ante el avance europeo sobre sus territorios.

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Por: Belén Nocioni - Área de Comunicación IDACOR (CONICET- UNC).